lunes, 5 de noviembre de 2012

PROSPERIDAD ~ LEGADO N°. 1


PROSPERIDAD ~ LEGADO N°. 1



Legado 1

CLAVES PARA PROSPERAR

Hay muchas claves que debes tener en cuenta para prosperar. Cada una es una semilla que debes sembrar y cuidar hasta que te dé los frutos que deseas cosechar.

Son muchos los libros que te enseñan la prosperidad, pero me di cuenta que la mayoría de ellos, los mejores, se basaban en los principios contenidos en la Biblia. Sin embargo, la humanidad no ha sabido sacar provecho de la maravillosa riqueza que este libro sagrado nos ofrece.

Se ha pensado en la Biblia como un libro religioso que prohíbe o impone sin importar la felicidad de la humanidad. Las religiones se han adueñado, queriendo velarla con dogmas y significados de un Dios egoísta que nunca ha existido. En nuestros hogares siempre hay una Biblia, pero nunca la leemos y mucho menos practicamos sus principios espirituales.

Entonces…       ¿por qué no acudimos a la Biblia? Por que no hemos tenido a la mano una guía espiritual que nos dé una verdadera interpretación. Nos han demostrado cómo temerle a Dios; que tenemos que sufrir porque eso le encanta al Creador. Así, psicológicamente nace en nosotros un mecanismo de defensa y huimos de las Escrituras. Es una defensa natural porque no podemos aceptar un Dios que está pendiente a qué horas pecamos para caernos encima y castigarnos y que, cuando verdaderamente lo necesitamos, no aparece.

Grandes equivocaciones y confusiones nos alejan del zendero espiritual, de la felicidad, de la evolución interna... de nosotros mismos y del verdadero Dios.

Preguntarás… ¿y qué tiene que ver todo esto con la prosperidad?

MUCHO. Pero yo no voy a darte la respuesta. Quiero que la encuentres a medida que vivas las enseñanzas contenidas en este libro.

Sólo tú puedes «comprobar» la existencia de Dios y todo el bien que Él nos quiere dar. Es por esto, que este libro lo he querido preparar con el tema de la prosperidad RAYIMAT.

Primero, porque es fácil practicar sus enseñanzas y segundo, porque es una necesidad inminente en toda la humanidad. Verás los resultados desde un comienzo, siempre y cuando tu interés y dedicación sean sinceros. No me creas, practica insistentemente y convéncete por ti mismo. Empecemos la aventura del RAYIMAT con la primera interpretación bíblica. Tomemos el Evangelio de San Mateo, capítulo 6, desde el versículo 25 hasta el 34 [las citas están tomadas de la Biblia *DIOS HABLA HOY*], donde Jesús explica nuestro derecho de conciencia a prosperar.

«Por lo tanto, yo les digo: no se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que han de ponerse ¿No vale la vida más que la ropa?

Miren las aves que vuelan por el aire: ni siembran, ni cosechan, ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el Padre de ustedes que está en el cielo les da de comer. ¡Y ustedes valen más que las aves! En todo caso, por mucho que uno se preocupe, ¿cómo podrá prolongar su vida siquiera una hora?»

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Analicemos esta primera parte. El Divino Maestro nos da una primera regla:

*NO PRE-OCUPARNOS*

La preocupación es uno de los errores más grandes contra el Principio de Prosperidad. Esta palabra está formada por el prefijo «pre» que significa antes y la palabra «ocupación» que es el dedicamos a cierta actividad. Por lo tanto la preocupación es el ocuparnos antes de tiempo pensando y sintiendo lo negativo y la limitación de una situación determinada. Esto produce ansiedad, depresión, soberbia y falta de fe. Por lo tanto, el Principio de Prosperidad no puede actuar, ya que nos encuentra ocupados en el mal antes que suceda.

En vez de preocuparte, ocúpate ya de pensar, sentir, hablar y actuar de acuerdo al bien que tanto necesitas.

La única preocupación válida en nuestra vida es cuando prevenimos a través de buenas acciones, pero si tu preocupación es una idea falsa y preconcebida de un mal que aún no ha sucedido, esta primera impresión crea un campo magnético que atrae rápidamente eso que no deseas. Esta es una de las razones por las que la tradición espiritual nos dice que seamos limpios de pensamiento, palabra y obra.

Cuando tú dices cosas como: «Esto no tiene solución», «para qué voy si me va a ir mal», «no me presento a ese trabajo pues yo nunca paso las entrevistas», «para qué le hablo si nunca me escucha», te estás preocupando. Estás generando flujos energéticos mal calificados que producen el mal.

La preocupación es una fuerza muy poderosa que genera una conciencia de limitación haciéndonos prisioneros de nuestros propios pensamientos y sentimientos de incapacidad, ruina y escasez.

Por la preocupación quedamos atrapados sin poder hacer nada para solucionar nuestros problemas y más bien hacemos que nuestro organismo se enferme y la vida se desgaste cada día más.

Jesús dijo muy claro: «Conoced la verdad y ella os hará libres». Esta verdad no se puede definir por lo infinita pero sí se puede conocer a través de las Leyes Divinas. Parte de esa verdad es que debes estar tranquilo, sereno y permitir a Dios actuar. Muchas vecesDios espera hasta el último momento para damos la gran sorpresa. La verdad aplicada a la prosperidad nos enseña que debemos confiar en todo momento en Dios.

Tú notas cuando estás preocupado por síntomas como la ansiedad y la angustia, luego te desanimas y te deprimes perdiendo interés en tu bien. ¡No lo permitas! Cuando te des cuenta que ese enemigo tuyo llamado preocupación se asoma con pensamientos dudosos, temeroso, aquiétate, respira profundo y di varias veces mentalmente: «Estoy en paz y todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Luego, al sentirte bien di las palabras poderosas del Salmo 37:

«Confío y amo al Señor con ternura,
hago lo bueno pues sé que Él cumple
mis deseos más profundos».

«Pongo mi vida en manos del Señor,
confío en Él, pues siempre viene en mi ayuda».

«Guardo silencio ante el Señor; espero
tranquilo a que Él me ayude. Dejo el
enojo, abandono el furor; no me enojo,
porque sé que eso empeora las cosas».

«El Señor dirige mis pasos y
me pone en el camino agradable; aún
cuando caiga no quedaré caído porque el
Señor me tiene de la mano».

«Gracias señor por estar siempre conmigo».

«Bendice este mismo bien en los
míos y en todos los hombres, tus hijos ”.
Amén.
Aprende bien esto: «LA CONFIANZA ES LO CONTRARIO DE LA PREOCUPACION.

Para adquirir esta confianza cuando estás mal, debes querer manifestar el cambio y ayudarte con una oración como la anterior, diciendo cada frase con el corazón y la comprensión de cada palabra.

No me lo creas. Cuando estés mal haz el experimento con la oración que te di y verás los resultados maravillosos.

La segunda regla es:

 LA CONFIANZA ES LA BASE PARA EDIFICAR 
LA PROSPERIDAD

La confianza en Dios empieza con la confianza que tienes en ti mismo. Debes estar más seguro de tus cosas. Dios ya ha colocado en ti los dones más poderosos para triunfar y prosperar en tu vida, pero si no confías en ti nunca te darás cuenta de tus grandes valores.Hay una razón de mucho peso para que tengas confianza y la quiero decir con palabras de Og Mandino: «TU ERES EL MILAGRO MAS GRANDE DEL MUNDO»:

¿Por qué preocupamos por la comida, por la bebida o por el vestido que hemos de ponernos? Por la sencilla razón de que tenemos un padre rico, dueño y Señor de todo el Universo. El es el Rey Universal y nosotros por ser sus hijos somos príncipes y, como dice San Pablo, sus herederos.

Jesús nos lo explica en San Mateo 7: 7-12 de la siguiente manera:

«Pidan y Dios les dará; busquen y encontrarán; llamen a la puerta y se les abrirá. Porque el que pide recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre».

« ¿Acaso alguno de ustedes sería capaz de darle a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿O de darle una culebra cuando le pide un pescado? ”.

«Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a quien se las pida!

«Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes, porque esto es lo que manda la Ley».

Pero, para tener la herencia primero hay que reclamarla. La condición que tiene la Ley Divina es que para poder recibir el bien primero hay que darlo inteligentemente. No solamente basta con dar; hay que saber dar, cómo dar y hasta dónde dar, pues, por dar sin conocimiento podemos hacer más mal que bien, ya sea a nuestro prójimo o a nosotros mismos. Que no nos pase lo del viejo adagio que dice: «Se metió de redentor y salió crucificado».

Veamos un ejemplo práctico del dar para prosperar con el alimento.

El alimento es sagrado y es una fuente de Provisión Divina. En nuestro hogar no se debe negar la comida, ya que esta actitud produce escasez. Aunque sea una aromática se debe ofrecer con cariño a las personas que nos visitan.

¿Cuántas veces hemos visto personas que esconden las ollas cuando llega algún familiar y prefieren no almorzar hasta que esta visita no se haya ido? Inclusive, al sentir hambre buscan mecanismos supersticiosos para echar a la persona, como colocar una escoba en forma inversa detrás de una puerta. No se dan cuenta que al echar a la persona con actitudes tacañas, están echando fuera el derecho de prosperar.

La tacañería hace a la persona avara y la enferma. ¿Qué sacamos con tener prosperidad económica si no hay prosperidad en la salud?

Anota entonces una tercera regla:

EL ALIMENTO ES SAGRADO,
PUES ES FUENTE DE PROSPERIDAD.


Ofrece siempre alimento. Antes, nuestros abuelos tenían esa buena costumbre y nunca les faltaba con qué cubrir las necesidades del hogar. Bendice el alimento antes de entregarlo con amor y los resultados no se harán esperar.

Si valorizamos el alimento y lo damos con generosidad, Dios no nos negará entonces ese bien. Todo lo que pedía Jesús era hacer el bien que deseamos para nosotros a nuestro prójimo. Y no me refiero sólo al alimento físico, también puedes dar alimento mental como el conocimiento o el consejo y el alimento espiritual como el amor y la paz. Dar bien hace prosperar al prójimo y eso mismo se nos devuelve millonificadamente. Esa preciosa enseñanza crística la podemos aprender en la cuarta regla:

PROSPERAMOS HACIENDO PROSPERAR A LOS DEMÁS.


Claro está, no nos atrevemos a dar porque la conciencia limitada cree que si te quedas sin nada luego no lo podrás conseguir, y que puede predominar la carencia de lo que se da. Se piensa que por dar se pierde y por este hecho ya no se puede prosperar más. Esto sólo cabe en la mente limitada, en la que el subconsciente ya está programado con esa falsa creencia, la que hace que preciso pierda y fracase en su prosperidad.

Si comprendemos que al dar con amor, generosa e inteligentemente, podemos asegurar que entre más ofrezcamos, más hemos de recibir. Es una Ley Universal. Si le das a tu tierra fértil buenas semillas, la tierra te devolverá frutos con miles de semillas de más de las que entregaste. Esta es la quinta regla tomada de las máximas de Jesús:

LO QUE TU SIEMBRAS
ESO RECOGES.


Si siembras el mal cosecharás mal; pero si siembras el bien, obtendrás bien.

El derecho de conciencia que estudiamos antes, nos da la oportunidad para prosperar. Pero al crear falsas creencias sobre tu bienestar, le cierras la puerta. Ya sabes, la naturaleza divina que hay en ti como hijo de Dios; Jesús dice:

«Tú vales más que las aves y a ellas Dios alimenta, con mayor razón lo hará contigo». Por esto, grábate muy bien la sexta regla como un decreto para toda tu vida:

"TENGO TODO EL DERECHO DE CONCIENCIA DE PROSPERAR COMO UN VERDADERO HIJO DE DIOS, PUES ES MI MERECIMIENTO". 

Pasemos ahora a analizar otra parte del contexto que estamos estudiando del capítulo 6 de San Mateo. Esta parte dice así:

« ¿Y por qué se preocupan ustedes por la ropa? Fíjense cómo crecen las flores del campo: no trabajan ni hilan. Sin embargo, les digo que ni siquiera el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como una de ellas. Pues si Dios viste así la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, ¡con mayor razón los vestirá a ustedes, gente de poca fe! Así que no se preocupen preguntándose: ¿Qué vamos a comer?, o ¿con qué vamos a vestimos? Todas estas cosas son las que preocupan a los paganos, pero ustedes tienen un Padre Celestial que ya sabe que las necesitan».

Jesús sigue hablando de la preocupación, esa posesión que hacemos de la limitación. Muchos no lo entienden al comenzar estos estudios precisamente porque estamos invadidos de convicciones como: «No hay», «no conseguiré», «no se puede», «yo no nací para esto», en fin, todas las trabas que nos empeñamos en tener para no prosperar. Inclusive muchos dicen querer prosperar, pero su comportamiento es de mendigos, es de aceptar la miseria o les gusta sentirse víctimas de las circunstancias y que todo el mundo los esté pobreteando. Su alegría es que le digan: «lástima me da por ti», «pobrecito, mira qué carita tiene». Estas expresiones no las debemos permitir porque peor nos va. Esos pensamientos están mal calificados y se impregnan en nuestro campo de fuerza reforzando la conciencia de pobreza y mal.

Tal vez entiendas intelectualmente estos conceptos pero no los comprendes o aceptas que sean posibles. No te preocupes, estúdialos que más adelante la misma experiencia, la misma vida, te los hará comprender. Con el conocimiento previo en el momento preciso asimilarás la comprensión interna de lo que dudas, de lo que crees que no es posible.

Las ideas del mundo material y la falta de conocimiento de las leyes espirituales que gobiernan el universo es lo que propicia la preocupación. Por ejemplo, si la envidia, la soberbia, el odio, la venganza, el egoísmo, la terquedad, los vicios, etc., están en el sistema de creencias de una persona, entonces es seguro que la penuria será su compañía, pues adora estos malos hábitos simbolizados en la Biblia como dioses paganos. Al sufrir penurias y sentir la limitación, una persona así se vuelve ansiosa y cierra toda posibilidad de bien; si ora lo hace con tensión; así una oración no llega ni al techo de la casa.

Así como la Ley Divina hace prosperar una flor, con mayor razón lo hará con nosotros. Pero la desconfianza nos hace transgredir la Ley, pues ella no se va contra nuestras propias creaciones, sino que es nuestro poder de libre albedrío el que decide lo que escogemos vivir: construir o destruir.

No sólo nos preguntamos ¿Qué vamos a comer? ¿Con qué vamos a vestimos? Sino que estamos quejándonos y disculpándonos por todo en vez de entrar en acción de acuerdo con la Ley.

Es de vital importancia practicar una séptima regla a conciencia y vigilar continuamente que se esté cumpliendo:

*NO QUEJARSE SIN SENTIDO Y CON SENTIMIENTO DE VICTIMA*

La queja no es de un verdadero creyente en el Poder Divino. Es más bien la herramienta que tienen los paganos para estar disculpándose con excusas y pretextos para no prosperar sanamente como lo exige la Ley Universal.

Además que con la queja no consigue gran cosa. Conocí una persona que se quejaba hasta cuando dormía. Su lema predilecto era: «Quien no chilla no mama». En cierta forma es cierto su lema, pero los chillidos cansan a cualquiera, provocando desprecio. Por tanto chillido consigue lo que quiere algunas veces, pero se lo dan de mala gana y luego le rehúyen.

Cuántas veces vemos a alguien quejándose de su triste situación. Como respuesta de los que le escuchan, sólo recibe unas palmaditas de consuelo y unas palabras pobreteándolo; empieza día a día a perder su carisma (si lo tuvo), a ser ignorado por sus amistades y a perder confianza en sí mismo y autoestima.

La queja es la característica más visible del ser que tiene mentalidad de mendigo.

Por ser hijo de Dios, no puede ser verdad que seas mendigo. Eres príncipe con derechos de conciencia pero también con deberes de conciencia, por lo tanto no estés quejándote.

A través de las páginas de este libro te estoy enseñando a prosperar. ¡Es posible!... más que eso, es un deber espiritual, pues si Dios es la prosperidad misma, tú debes buscar esa perfección. Es mucho lo que hay que conocer de Dios, vivirlo, practicarlo.

La prosperidad ya sea de amor, salud, espiritual, economía, etc., es un buen inicio ya que estás apegado a un mundo material. Dios está presente en este mundo físico y Él sabe lo que tú necesitas antes de que lo pidas. Es así, que en nuestras cosas empezamos a ver las cosas de Dios aumentando nuestra fe y sabiduría.

La última parte del contexto de San Mateo dice:

« Por lo tanto pongan toda su atención en el Reino de Dios y en hacer lo que Dios exige, y recibirán también todas estas cosas por añadidura ».

« No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problema ».

Para prosperar debemos concentrar nuestra mente y corazón en el Reino de Dios. Muchos piensan que el Reino de Dios no puede estar también en el plano físico, creen que sólo está en el más allá y que para entrar en él primero debemos ser muy buenos y luego morir. Esto en parte es cierto, pero el Reino de Dios no es limitado. Físicamente se le reconoce cuando abrimos nuestros ojos espirituales y reconocemos la manifestación de Dios. Jesús lo dice en el Padre Nuestro.

«Venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad aquí en la tierra así como se hace en el cielo».

¡Ves! No hay que esperar a morir para penetrar en el Reino de Dios. Así lo pide la oración. El Reino, no solamente está en planos superiores, sino que también puede estar entre nosotros.

Pero... ¿Qué es el Reino de Dios?

El Reino es la manifestación de Dios en acción, en forma visible, perfecta y gloriosa. Es decir, si Dios es amor, verás amor a tu alrededor, sentirás el amor perfecto dentro de tu corazón... no hablo del amor que la mayoría de las personas conoce, un amor egoísta, posesivo, dominante; ese amor por no ser verdadero nos hace sufrir. Todo lo que Dios es, lo puedes vivir en su maravilloso Reino sin importar dónde te encuentres, con quién vivas o trabajes.

Vivir el Reino de Dios significa vivir en plena sabiduría, bienestar, amor, verdad... en fin, todo lo divinamente perfecto que trae felicidad. El Reino de Dios es la verdadera prosperidad.

Si tu vida ha estado llena de conflictos, enfermedades, sufrimientos y toda clase de penurias, no importa. ¿Sabes por qué? Porque no es la verdad espiritual. Recuerda muy bien: Dios es perfecto. Él no comete errores. Él creó la forma de que viviéramos y aprendiéramos sin hacemos daño. Eres tú, quien mal utilizando el poder del libre albedrío que Dios te dio creas la clase de vida que tienes. Igualmente es posible cambiar todo en tu mundo, en tu hogar, en tu propio ser. No hay disculpa... no importa si eres viejo, gordo, ciego, o te crees bruto y sin posibilidades de triunfar. Nada aparentemente negativo te puede impedir ser feliz, vivir en paz y libre de mal.

NO ESPERES A MORIR.  ¡DECÍDETE YA A SER FELIZ!

     Imagino que estarás preguntándote:

     Muy bueno eso, pero, ¿cómo lo hago, cómo empiezo?

Eso es lo que quiero enseñarte. ¡Ya empezaste! La respuesta no te la doy en pocas palabras, porque es todo un zendero, una forma de vivir. Al terminar de estudiar este libro te darás cuenta de muchos cambios, que has dado un gran paso, pero también descubrirás que hay más por aprender, por hacer, pues el Zendero es ilimitado.

Siempre hay mayores posibilidades de crecer, evolucionar trascendiendo hasta niveles que nunca llegamos a imaginar.

La octava regla es el gran secreto de tu éxito físico, de tus logros mentales y de tu comprensión espiritual. Aprende y cumple al pie de la letra esta regla de oro que Jesús nos entregó como clave especial para reclamar la herencia que nos quiere dar nuestro Padre Celestial.

 “POR LO TANTO PONGAN TODA SU ATENCIÓN EN EL REINO DE DIOS Y EN HACER LO QUE DIOS EXIGE Y RECIBIRÁN TODAS LAS DEMÁS COSAS POR AÑADIDURA”.

 Puede ser que al comienzo se dificulte algo el aprendizaje del sendero  pero eso es algo natural, es como todo, hay que cogerle el ritmo.

Para que se te facilite simplemente no presiones las cosas. No puedes convertirte en un maestro en un abrir y cerrar de ojos, todo tiene un proceso.

Todo en la vida se aprende, hasta lo que se ve más fácil como caminar, hablar, comer con cubiertos, etc. Tal vez no te acuerdas de eso porque eras muy chico, pero sabes que así fue.

Las cosas se hacen fáciles si uno pone toda su atención en hacer lo mejor posible lo que nos enseñan. Esa es la instrucción de la anterior regla. No basta saberla, hay que practicarla, se debe cumplir fielmente con la Ley Perfectala Ley Divina.

La Ley Perfecta es buscar el Reino de los Cielos y su justicia en nuestra vida, a través de las máximas de fe y devoción a Cristo, además de amor por el prójimo.

Pecar contra el Reino de los Cielos significa pecar contra Dios y eso trae gran ruina, como le pasó al hijo pródigo que abandonó su hogar y a su padre, creyéndose rico y poderoso, pero no le duró mucho tiempo (Lc. 15:18). Con arrepentimiento tuvo que regresar al padre para volver a prosperar.

La Verdad del Reino de Dios, es que nos da poder, autoridad y prosperidad (Jn. 3:27), pero para ello nos exige vivir de acuerdo con su esencia natural y perfecta... EL BIEN.

Si tu vida está llena de tantas dudas, situaciones desagradables, vicios, etc., es porque tú mismo das alimento a las fuerzas de la oscuridad con tus pensamientos, palabras y obras maledicientes, supersticiosas e incrédulas. Jesús nos limpia del pecado, ya que Él es el Supremo Rey, el Sumo Sacerdote. Si entregas tu ser a Cristo Jesús y su Ley Perfecta, encontrarás entonces la prosperidad, el Reino de los Cielos (Mateo 12:28).

Te irás internando en este Reino a medida que practiques esta enseñanza. Fíjate cómo te repito las cosas, porque no te estoy contando algo simplemente, ni te estoy narrando una novela... te estoy instruyendo a través de la repetición que es fuente de sabiduría.

No permitas que estos conocimientos sólo queden en tu cabeza, llévalos a tu corazón y transforma tu vida. Hagamos caso de lo que dice Santiago en su carta en el primer capítulo, desde el versículo 21 hasta el 25:

«Así pues, dejen todo lo impuro y la maldad que tanto abunda, y acepten humildemente el mensaje que se ha sembrado en su corazón; pues ese mensaje tiene poder para salvarlos. Pero no basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario SE ESTARÍAN ENGAÑANDO USTEDES MISMOS. El que solamente oye el mensaje y no lo practica, es como el hombre que se mira la cara en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto da vuelta se olvida de cómo es. Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la Ley Perfecta, que es la Leyque nos trae la libertad, y permanece firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace».

Para terminar este primer legado aprendamos una novena regla:

*DIOS VIVE EN UN  ETERNO PRESENTE*

No prosperamos por vivir tanto en el pasado, llorando por lo que no realizamos o por las cosas que nos hicieron. Guardamos tristezas pasadas y seguimos dolidos con personas o situaciones que ya pasaron, hace mucho tiempo. Esto bloquea nuestra visión interna, perdiendo así nuestra capacidad de percibir las oportunidades que Dios nos da para salir adelante en todos nuestros asuntos.

Otros viven el futuro, en lo que no ha sucedido todavía. Hasta sufren por lo que supuestamente va a pasar ¡Qué pérdida de tiempo!... ¿cierto?

El pasado ya pasó; el futuro no ha llegado, tampoco existeSolamente existe el presente en el que tú vives. Si tú vives un buen presente, puedes transformar los hechos pasados y crear causas positivas, para así en un futuro, que ha de ser realmente un presente, tenga efectos plenamente positivos.

Si tú vives del pasado o preocupado del futuro, te desvinculas del Reino de Dios... entonces, sólo vale la pena VIVIR EN EL ETERNO PRESENTE.

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